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domingo, 2 de marzo de 2014

La dignidad presidencial y los modositos.

Qué pena y vergüenza provocó Peña Nieto con la visita de Barak Obama. Yo no me explico cómo puede un ser humano ser tan lame botas, y más siendo presidente de un país que se dice soberano e independiente. Ante el emperador gringo, Peña Nieto casi se tiraba en el piso para que las suelas imperiales se posaran sobre su cuerpo; es más, estoy seguro que si Obama le hubiera pedido que le prestara a “la gaviota” unos minutos, creo que si se la daría. Al puro estilo del burro de Fox cuando le hizo el favor de visitarlo Bush hijo y le quitó el presupuesto a San Francisco del Rincón para arreglar y embellecer su rancho, Peña gastó millones de pesos para que la vista toluqueña que se ofreciera a los ojos afroamericanos fuera de su agrado e, inclusive, se tuvieron que quitar los topes de las calles donde pasaría “la bestia” para no incomodar al moreno.

Cantidad de lame botas existen en nuestro país, en cada organización por lo menos se identifica a uno y sucede desde que llegaron los conquistadores españoles a estas tierras. ¿Serán los genes de estos mercenarios que nos heredaron cuando violaron a las mujeres indígenas?, ¿será la inhumana y sanguinaria religión que nos impusieron?, pero es inconcebible que gran parte del pueblo mexicano siga adormecido preocupado más por el sufrido pase de la selección de fut-bol a la Copa Mundial de Brasil que por la entrega de Pemex y CFE a los grandes consorcios extranjeros, regalo del gobierno salinista. Ya el gran escritor argentino Jorge Luis Borges, en una frase atribuida a él, comentaba que “el fut-bol es popular,….. porque la estupidez es popular”.

En estos días, la “gente decente y bonita”, la que va a misa todos los domingos, la que se persigna y se da “golpes de pecho” a cada momento de su resignada y comodina vida, la que pretende ser importante e intelectual leyendo a Yordi Rosado, Gaby Vargas, Cuauhtémoc Sánchez, Paolo Coelho y Deepak Chopra, la que tiene su estampita del protector de pederastas y misógino juan pablo II y su “virgencita de Guadalupe” en la sala de su casa y un “rosario” colgado en el espejo interior de su auto, la que ve con interés, sufre y disfruta de telenovelas como “La rosa de Guadalupe”, “A cada quien su santo”, “Milagros de la virgen morena” y se entusiasma con los “reality shows” al estilo de Laura Bozzo, ve con satisfacción el movimiento social que sacude a Venezuela y donde la mano de la CIA y las diversas agencias gringas se han hecho presentes y han provocado una desestabilización social que tiene como objetivo derrocar al gobierno bolivariano del Presidente Nicolás Maduro.

 Pero, ¿qué diferencia hay entre ése movimiento y la lucha de los maestros de la CNTE?, ¿por qué se alaba y se ensalza el alzamiento del pueblo venezolano en contra de su gobierno y se deplora el movimiento de lucha de los maestros de la Coordinadora? Los maestros de la CNTE están en lucha contra este gobierno salinista pues la reforma educativa no pretende mejorar los niveles de educación ni mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje que resultaría en un mejor desarrollo de la sociedad y de la comunidad científica, sino solo toca el aspecto laboral de los docentes que, al igual que los trabajadores en general, con este tipo de reformas y la presencia legal de las "outsourcing", pretenden regresarnos a principios del siglo XX donde, en la práctica, se le tenía que agradecer al “patroncito” el favor de dar trabajo al peón de la hacienda.

O, ¿alguien cree en las bondades de las “reformas estructurales que tanto necesita México”?, en verdad, ¿alguien cree que se crearán miles de empleos, se extraerá más petróleo y bajará el precio de la gasolina, del gas y de la electricidad con la reforma energética? ¡Mis polainas!

El Dr. Lorenzo Meyer, en su libro referido “Nuestra tragedia persistente. La democracia autoritaria en México” señala que existen dos tipos de votantes, los modositos que van porque la tv o la iglesia les dijeron por quién votar, que recibieron gorras, playeras, una lámina, un saco de cemento, una tarjeta monex o soriana con 100 a 700 pesos, que votan porque un candidato es “guapo” o que les dijeron que votaran por cualquiera menos por el que los dueños del país consideran un “peligro para México”; y los que van por convicción, deseando cambiar el estado de las cosas (el “establishment” en términos políticos), que tienen la esperanza y luchan porque la sociedad mexicana llegue a un estado de desarrollo donde la libertad, la igualdad y la justicia sea un derecho y una vivencia para todos.

Después de votar, los modositos mochilones regresan a su casa a seguir su vida de rutina, frívola, refugiándose en el facebook; y los que se sienten defraudados por la inequidad de las elecciones son los que salen a las calles a seguir luchando por un México con mejor futuro.


¡Y se preguntan por qué se generan los movimientos sociales!